PETRO: DE LA PAZ TOTAL AL CAOS TOTAL
El camino recorrido por Gustavo Petro durante su primer año de gobierno se corresponde exactamente a la prédica y objetivos que ha mantenido durante toda su carrera política en permanente oposición a la democracia colombiana.
Amigo de los simbolismos políticos, en el acto de juramentación presidencial ordenó colocar en la tribuna donde se celebró la ceremonia oficial la espada del Libertador que el 17 de enero de 1974, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen, el M-19 se robó, al anunciar a Colombia el inicio de su guerra subversiva.
Y alterando el tradicional protocolo oficial dispuso que la banda presidencial se la impusiera la senadora María José Pizarro, hija del jefe guerrillero Carlos Pizarro, quien fue asesinado por un sicario del narcotráfico el 20 de abril de 1990.
Por su parte, el obsecuente presidente del Congreso Roy Barrera, enalteciendo aquella decisión y tratando de explicarla a la fervorosa multitud congregada en la Plaza Bolívar de Bogotá afirmó que la senadora Pizarro “es una hija de la izquierda y de la historia interrumpida por las balas asesinas, historia que ahora al presidente le corresponde continuar”.
De esa manera Petro se inicia en el gobierno reivindicando su antigua militancia terrorista. Y atrincherado ahora en el Palacio de Nariño glorifica los 16 años de la cruenta guerra que él y sus camaradas libraron contra el Estado colombiano.
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