EDICIÓN 30 – Agosto / Septiembre 2026

VENEZUELA – RECONSTRUCCIÓN URGENTE Y NECESARIA: ¿CÓMO? ¿POR QUIÉN? ¿CON CUÁLES OBJETIVOS HUMANISTAS?

La prisión política Instrumento de sumisión y la herencia autoritaria en Venezuela
Marcos Villasmil

Es quizá oportuno recordar que el título completo de esta página es “ENCUENTRO HUMANISTA – Para reconstruir a Venezuela”. Y ciertamente que nuestro país está necesitado de ayuda en todos los órdenes para ponerse en pie de nuevo.

Ver el pasado siempre será necesario, pero no suficiente. Se requiere la mayor unidad de esfuerzos y de voluntades mancomunadas en nuestra historia para atisbar un futuro promisorio.

Hablar de la reconstrucción de Venezuela exige, en primer lugar, reconocer la verdadera escala del colapso. Tras 27 años de una dictadura que desmanteló las instituciones, pulverizó el aparato productivo y provocó el éxodo masivo más grande de la historia reciente del hemisferio occidental, el reto trasciende con creces la ingeniería económica o la reestructuración del Estado. El mayor estrago sufrido por la nación no reside únicamente en la infraestructura en ruinas ni en los indicadores macroeconómicos hiperinflacionarios, sino en lo que la filosofía y la sociología contemporáneas han denominado el daño antropológico profundo.

Este daño antropológico se manifiesta en la alteración sistemática de la condición humana del venezolano: la degradación de la dignidad ciudadana reducida a la mera supervivencia, la erosión del tejido social y de la confianza interpersonal, la pérdida del valor del trabajo y de la educación como vías de movilidad social, y la instauración de una desesperanza aprendida. Casi tres décadas de control hegemónico instauraron una dinámica donde el Estado dejó de ser un garante de derechos para convertirse en un chantajista de necesidades básicas. Reconstruir a Venezuela requiere, por tanto, un esfuerzo multidimensional que ponga en el centro la sanación y dignificación de la persona humana.

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¿Cómo? La estrategia para la refundación integral

La reconstrucción no puede ser un proceso improvisado ni responder a visiones cortoplacistas. Requiere un método estructurado en fases complementarias que aborden simultáneamente la emergencia presente y la transformación estructural con una clara mirada hacia el futuro:

  • Atención a la emergencia humanitaria inmediata: El primer paso técnico ético es estabilizar las condiciones mínimas de vida. Esto implica implementar programas masivos de nutrición, salud primaria y abastecimiento de servicios básicos (agua, electricidad, gas). No se puede pedir discernimiento democrático ni participación comunitaria a una población atrapada en la angustia del hambre o la enfermedad.
  • Institucionalización y Estado de Derecho: Restaurar la seguridad jurídica, la separación de poderes y la independencia del sistema judicial. Sin reglas claras y sin justicia independiente, es imposible atraer la inversión necesaria o garantizar que los derechos fundamentales de los ciudadanos sean protegidos frente al abuso de poder.
  • Estabilización macroeconómica y apertura a la inversión: Reestructurar la deuda externa, sanear la moneda, erradicar los controles sofocantes que alimentaron la corrupción y promover un modelo de economía social de mercado. La riqueza debe volver a ser generada por el talento, la iniciativa privada y la competitividad.
  • Infraestructura e integración territorial: Recuperar los sistemas eléctricos, la red vial, las telecomunicaciones y la industria petrolera y energética, transformándola progresivamente hacia esquemas más sostenibles y eficientes.

 ¿Por quién? Los actores de la reconstrucción

La magnitud de la tarea exige una convergencia inédita de voluntades. Ningún sector por sí solo —sea un partido político, una élite económica o una fuerza internacional— tiene la capacidad ni la legitimidad para llevar a cabo esta gesta.

Un actor clave es la sociedad civil organizada: Universidades, gremios, ONGs, comunidades religiosas y asociaciones vecinales deben liderar la contraloría social y la recomposición del tejido comunitario desde las bases.

La diáspora venezolana: Millones de venezolanos en el exterior representan un capital humano, técnico y en algunos casos financiero incalculable. Su retorno —físico o mediante redes de cooperación— es indispensable para inyectar innovación, conocimientos y visión global.

El sector privado nacional e internacional: Es un motor esencial de la reactivación económica, la generación de empleo digno y la modernización del aparato productivo bajo criterios de responsabilidad social.

Una nueva clase política realmente democrática: Dirigentes comprometidos con el servicio público, la transparencia y el consenso constitucional, capaces de anteponer el interés nacional a las parcelas partidistas, y defensores celosos y permanentes de la constitución nacional.

La comunidad internacional y organismos multilaterales: Acompañamiento financiero, asistencia técnica y diplomática para articular la cooperación y garantizar la estabilidad del proceso de transición.

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 ¿Con cuáles objetivos, fundamentalmente humanistas?

El éxito de la reconstrucción no se medirá exclusivamente por el crecimiento del Producto Interno Bruto o el saldo de la balanza comercial, sino por la recuperación paulatina de la dignidad humana. Los objetivos de esta transformación deben ser prioritariamente humanistas:

Restauración de la dignidad y la autonomía individual

Es imprescindible desmontar la cultura del paternalismo autocrático, omnipresente en nuestra historia. El objetivo central debe ser transformar al individuo dependiente de las dádivas del Estado en un ciudadano pleno, autónomo y libre, capaz de construir su propio proyecto de vida mediante el esfuerzo, la creatividad y la honestidad.

Reconstrucción del tejido social y sanación del trauma colectivo

Afrontar el daño antropológico exige políticas públicas enfocadas en la reconciliación nacional, la memoria histórica y la justicia restaurativa. Se deben crear espacios comunitarios de diálogo, apoyo psicológico masivo y fomento de la solidaridad para sanar las heridas del resentimiento, la polarización extrema y la desconfianza mutua implantadas durante 27 años.

La educación y la salud como pilares del desarrollo humano

El sistema educativo debe ser refundado no solo en sus infraestructuras, sino en sus contenidos, orientándose hacia el pensamiento crítico, la ética, la tecnología y los valores democráticos, todo ello en una perspectiva de futuro, del siglo XXI. Asimismo, un sistema de salud universal y eficiente es la condición primaria para que cualquier ser humano pueda desarrollar su potencial. La educación y la salud deben volver a ser los grandes democratizadores de la sociedad.

Cultura del trabajo, del mérito y de la ética pública

Rescatar el valor del trabajo honesto como la fuente legítima de progreso personal y familiar. Esto requiere erradicar la cultura del atajo, el ventajismo y la corrupción que se incrustaron en la cotidianidad como mecanismos de supervivencia, sustituyéndolos por el reconocimiento al mérito, la excelencia y la integridad.

Conclusión: El rescate del alma nacional

La reconstrucción de Venezuela es una empresa colosal que va mucho más allá de la edificación de carreteras o la firma de decretos económicos. Es, en su esencia más profunda, un proceso de resurrección ética y cultural.

Como bien afirma Wolfgang Gil Lugo en este número de Encuentro Humanista, » El proceso de la llamada Quinta República, que por cierto tiene muy poco de espíritu republicano, estuvo caracterizado por el secuestro de la esperanza. Por medio de la manipulación de las pasiones políticas, se creó una falsa esperanza de justicia social.

Era falsa por dos razones. Primero, adulteraba a la justicia con revanchismo resentido. En segundo lugar, ofrecía una igualdad fraudulenta. La oferta de una igualdad para todos terminó en una diferencia absoluta entre los gobernantes y los gobernados. En resumen, degradó la aspiración legítima a un ideal trascendente en un ideal ideológico.

 Superar el impacto de 27 años de dictadura implica sanar la mente y el corazón del ciudadano, devolviéndole la fe en la justicia, la verdad y el futuro. Si el proyecto de reconstrucción pierde de vista su horizonte humanista, correrá el riesgo de erigir una estructura materialmente funcional pero humanamente vacía.» 

La verdadera victoria de la democracia venezolana consistirá en demostrar que sobre las ruinas del autoritarismo es posible construir una sociedad justa, próspera y, sobre todo, profundamente humana.

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