ABDÓN VIVAS TERÁN

Economista, por la UCV, Doctor en Ciencias Políticas -Universidad Complutense de Madrid. Dirigente político demócrata cristiano, escritor, diputado al Congreso de la República, gobernador del Distrito Federal, Embajador en Colombia.
Introducción

El planeta comienza a recuperarse de los profundos y desastrosos efectos que, en el plano de la economía, ha causado la terrible tragedia del coronavirus.

Pero el avance científico, la experiencia derivada del combate contra ella, las enseñanzas que nos ha dejado el esfuerzo por controlarla, han dotado a gobiernos y comunidades organizadas con el apoyo indispensable del mundo de la ciencia, de instrumentos y valiosos conocimientos que permiten albergar la expectativa de que estas amenazas podrán ser eliminadas, o al menos controladas, de una mejor, más eficiente y más aceptable forma que en ocasiones pasadas.

Conviene complementar este tema haciendo breve alusión a una de las características más notables que esta pandemia produjo en relación al comportamiento de la economía a nivel internacional. La economía globalizada experimentó durante el curso de estos años una enorme contracción en términos del PIB que solo puede ser comparada con la que produjo la Gran Depresión de los años 1930 en adelante. Ha sido una crisis global que, a diferencia de todas las anteriores, afectó tanto al lado de la demanda como al de la oferta, golpeó a productores y a consumidores al unísono. Se extendió por todas las áreas de la actividad productiva, reales y financieras. Llevó a límites insospechados el desempleo, la pobreza la miseria, Hizo quebrar empresas y desaparecer ingresos de los trabajadores. Se abatió sobre las economías prósperas y avanzadas, pero golpeó sin misericordia a las naciones en vías de desarrollo y, peor aún, a las de bajos ingresos; todas estas ahogadas por la baja pronunciada de los precios de sus commodities, la caída abrupta del comercio internacional, las deudas externas en default, la abrumadora fuga de capitales, la caída de la inversión privada extranjera y el cese de su acceso a nuevas fuentes de financiamiento para sus proyectos.

Durante estos aciagos años, solo se sintió una leve brisa causada por un aumento indiscriminado y extenso del trabajo a través de las vías cibernéticas, que contribuyó mucho a paliar situaciones que de otra manera pudieron ser irreversibles; esto trajo aparejada una evolución muy importante de las formas y maneras de organizar actividades productivas y de administración de negocios que permanecerá y se ampliará hacia el futuro.

La profundidad de la crisis provocada por el coronavirus se concentró en algunas variables de la actividad productiva; entre las cuales solo mencionaremos: La contracción de la economía en diversos países del mundo medida por la variación del PIB; el comportamiento errático del comercio internacional; el aumento de la pobreza y la desigualdad; la ruptura de eslabones importantes de las cadenas productivas y de comercialización y las variaciones significativas que ha experimentado el gran mercado internacional de capitales.

Los temas que acabamos de enumerar han sido motivo de intensas discusiones entre los especialistas, los políticos, los investigadores sociales, los economistas, las organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos alrededor del mundo. En algunos de estos actores, desafortunadamente no en todos, comienzan a aparecer reflexiones acerca del papel que en esta crisis jugó el modelo de economía capitalista que hoy sigue siendo hegemónico en el mundo, con énfasis particular en analizar la más rápida capacidad de reacción que otros modelos de organización de la economía pueden poner a disposición de las naciones para abordar las crisis con más eficiencia, más solidaridad, más justicia social, más participación de comunidades y de ciudadanos.

La reflexión sobre los modelos económicos es una antigua área del pensamiento. Décadas enteras se ha discutido sobre la economía globalmente planificada con propiedad del Estado sobre los medios de producción, sobre la economía de mercado del dejar hacer y dejar pasar (laissez faire et laissez passer) y con propiedad privada de los medios de producción. El primero de estos dos modelos señoreó en la URSS desde su fundación hasta 1989, y el segundo sigue su derrotero histórico en Occidente y en particular en los EE UU. Ambos han sido vistos y analizados como los dos extremos posibles más contrapuestos a la largo de cuyas líneas se puede organizar la actividad productiva.

Pero, resulta obvio, que el estudio y la reflexión se ha encausado también de manera inevitable hacia consideraciones acerca de si pueden existir o no modelos económicos diferentes, autónomos y propios, los cuales, compartiendo alguna o varias de las características que definían aquellos, puedan tener su propio constructo económico teorético, su propia base especifica, y su adecuada construcción intelectual, de manera tal que puedan convertirse en propuestas concretas para la organización productiva y económica de numerosas naciones alrededor del globo.

Avanza el diálogo sobre la ESM

A este intercambio de opiniones sobre el tema de la conveniencia, oportunidad y eficiencia de los modelos económicos, que está bullente desde hace décadas, se han incorporado en los últimos años un conjunto de personalidades importantes dirigido a investigar, evaluar y elaborar materiales relacionados con el modelo económico. Algunos de los actores que están tomando parte en este diálogo, son personas destacadas en economía, política o sociología, como Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Gita Gopinath, Eswar Prasad, Thomas Piketty, Edgar Morin, Luis Huete, etc. Además, en este potente intercambio de ideas toman parte también universidades, academias, organizaciones institucionales, como las fundaciones Konrad Adenauer y Friedrich Ebert, revistas, partidos políticos, asociaciones sindicales, centros de investigaciones superiores universitarias etc., todos trabajando activa, intelectual y prácticamente, en el modelo alternativo y en el desarrollo de políticas públicas que puedan aumentar el grado de plenitud de los seres humanos, hacer más eficiente la tarea productiva y tratar de valorizar el trabajo como actor fundamental en la organización de la producción.

Uno de los resultados más importantes de ese intenso intercambio de opiniones acerca de los modelos diferentes, a los dos tradicionales, el de la planificación global del comunismo real, y el capitalismo del laissez faire et laissez passer de Occidente, fue el surgimiento en la Alemania Occidental de la posguerra del modelo denominado Economía Social de Mercado.

Este modelo resultó de una interacción entre el momento coyuntural entonces existente, extremadamente difícil y peligroso al finalizar la guerra mundial, y la capacidad analítica y vocación de servicio de grupos de personas y de instituciones que se dieron a pensar en cómo dar respuestas eficientes y rápidas para confrontar con éxito el complejo momento que entonces vivió aquella nación.

Tuvieron un brillante éxito. No se dejaron amilanar por la variedad y complejidad de las circunstancias que constituían el entorno y pudieron poner en marcha una fórmula que pudo triunfar ante el inagotable listado de las dificultades existentes. Dentro de ese listado, para hacernos alguna idea somera del gran reto al que respondían, se pueden señalar: División de Alemania en diferentes zonas de ocupación por cada una de los potencias aliadas y de la URSS; la necesidad de introducir cambios profundos que protegieran de las tentaciones totalitarias socialistas y nacionalistas a la Alemania Occidental; la obligación de rescatar la destruida estructura productiva industrial, agrícola y de servicios; restablecer la infraestructura; elevar la autoestima nacional; buscar formas eficientes para aumentar el crecimiento de las variables básicas económicas tales como PIB, tasa de empleo, seguridad social, disminución de la pobreza, aumento del comercio exterior, balance fiscal, balance monetario; consolidar y proteger la democracia naciente; curar una nación afligida hasta el extremo por las muertes y destrucciones masivas causadas por el terrible conflicto. El camino para reestablecer el orden social y político destruido por la devastadora guerra fue consolidar y afianzar el orden democrático y organizar la economía siguiendo los principios y elementos constitutivos de la Economía Social de Mercado.

Algunos pensadores fundamentales de la ESM

Conviene entonces, para una mejor evaluación de algunos elementos que fueron configurando la tesis de la Economía Social de Mercado, referirnos brevemente a algunos de los investigadores y de los políticos que prestaron invalorable colaboración al desarrollo, conceptualización, revisión y aplicación de este modo de concebir la organización de la economía.

Basta, para referirnos a este propósito, señalar los aportes dados a este proceso por algunos importantes personajes de finales de la década de los cuarenta del sigo XX que, además, proyectaron sus ideas sobre la totalidad de la economía política y sobre el proceso de reconstrucción de Alemania y de construcción de la Unión Europea. Señalaremos pequeños detalles de algunos políticos e intelectuales; casi todos ellos jugaron en ambos tableros al unísono y siempre, desde mi juventud, lo complejo de su personalidad y las obras que los medios de comunicación les atribuían, constituyeron para mí, entonces un joven liceísta, seres humanos los cuales deseaba conocer, indagar sobre sus obras, entender sus motivaciones políticas y evaluar su aporte a la democracia y al diseño del pensamiento social cristiano. Ellos son: Konrad Adenauer; Alfred Müller-Armack; Ludwig Erhard, Walter Eucken. Por supuesto, debo aclarar, que ellos no fueron los únicos que contribuyeron al diseño y a la ejecución de la ESM. Muchos otros hombres y mujeres, así, como instituciones de pensadores innovadores e inconformes con el orden social y económico existente, como los de la Escuela de Friburgo y los del Círculo de Friburgo, contribuyeron a este propósito. Solo menciono estos nombres para que nos sirvan como ejemplo y nos orienten, sin dejar de apreciar los que otros muchos como ellos aportaron con brillo, desinterés y solidaridad.

Breve alusión haremos en primer lugar a Walter Eucken (1891-1950), quien cultivó la economía y la sociología como ciencias; fue uno de los fundadores del llamado ordoliberalismo alemán. Esta escuela de pensamiento se diferenciaba de la escuela del liberalismo clásico, en que estimaba que era necesario establecer un marco regulatorio de la economía, por parte del Estado, para que se pudieran advertir y corregir las fallas de mercado los cuales, con insistencia, golpean la economía y afectan severamente la libre competencia. Es decir, en este territorio no era suficiente la teoría de la autorregulación automática, sino que era necesario sustituirla y/o complementarla. Era preferible elevar ese marco regulatorio hasta integrarlo en el propio orden constitucional para garantizar la instauración de un control temprano sobre las tendencias observadas a disminuir la competencia mediante la cartelización, los monopolios y los oligopolios. En otra manera de expresarlo, se puede decir que el pensamiento ordoliberal permitía que el Estado interviniera en aquellas circunstancias que se presentaran en el orden económico que impidieran el ajuste adecuado entre la demanda y la oferta global. El ordoliberalismo, sostenía, además que, en lugar de garantizar la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, lo que había que hacer era garantizar la igualdad de oportunidades a fin de facilitar la educación personal, el estudio y la preparación por parte de cada uno de los ciudadanos.

Seguramente, desde el primer momento en que Walter Eucken y Alfred Müller-Armack (1901-1978), entraron en contacto, este último hizo un minucioso análisis de las tesis elaboradas en el círculo de su amigo. Estoy convencido que las consideró como un adelanto frente al modelo económico liberal clásico, pero quizá le parecieron insatisfactorias, ya que Müller-Armack mismo había publicado en 1947 un libro denominado “Economía Dirigida y Economía de Mercado” en el cual presenta la original noción de Economía Social de Mercado. En ese texto, Müller-Armack nos ilustra sobre este nuevo modelo económico, e informa a sus lectores que este modelo, además de garantizar el control y la prevención de las fallas de mercado al eliminar monopolios y figuras similares para mantener fluida la competencia, incorpora una propia y amplia política social, por derecho propio.

Esta política social debería contemplar varios aspectos: Aumentar la producción de bienes públicos, garantizar la creación de un sistema de seguridad social con pensiones, salud para todo el universo del trabajo, otorgar asistencia a ancianos, niños y discapacitados, e impulsar programas de ayudas indirectas y directas para aquellos que no alcanzaban a obtener lo que hoy llamaríamos mínimo vital; estimaba, sin embargo, que todas estas acciones debían realizarse siempre de conformidad con el mercado. Esta última afirmación la interpretaba como una regla general; pero, dentro de un contexto concreto pueden hacerse excepciones en su aplicación, lo que dependerá del sector productivo de que se trate y del contexto político y cultural. Sobre este caso Müller-Armack nos coloca como ejemplos los casos de la agricultura y del transporte en la situación de Alemania de aquellos primeros doce años de la aplicación de la Economía Social de Mercado[1]. Visto a través de un prismático, que se dirija hacia atrás en un lapso de 80 años, nos parece que Müller-Armack colocó la piedra inicial de lo que andando el tiempo sería la Economía Social y Ecológica de Mercado que, con toda su complejidad conceptual y política, es la forma particular de organizar el orden económico, dentro del cuadro político democrático, existente en la Alemania de la época y, a partir del cual, se fue extendiendo por una buena parte de la naciones europeas conservando, en cada una de ellas, sus propias particularidades.

Debemos incorporar a etas alturas de nuestra exposición la figura de otro importante pensador dotado, además, de una especial y certera habilidad para llevar adelante, desde elevadas posiciones en el poder del Estado, tareas de ejecución, desarrollo e implementación de propuestas, reformas y políticas en el área de la economía. Nos referimos a Ludwig Erhard (1897-1977). Erhard es designado Ministro de Economía por el Canciller Konrad Adenauer, al proclamarse en 1949 la República Federal de Alemania, y permanece en ese cargo, junto al Canciller, hasta la dimisión de este en 1963.

La carrera política de Erhard fue muy larga, intensa e importante. Fue designado Canciller de la República en octubre de 1963 y conservó esta alta posición hasta que, en medio de una crisis política en el Bundestag, presentó su renuncia en diciembre de 1963. Erhard, ubicado dentro del universo social cristiano, compartía una tendencia más inclinada hacia el ordoliberalismo. Puede haber ocurrido que su contacto con Müller-Armack le ayudara a entender la propuesta de Economía Social de Mercado que este había acuñado aun cuando, en oportunidades, Erhard prefería dirigirse a ella como una “economía de mercado socialmente comprometida”. Pero más allá de estas diferencias en el plano ideológico debemos afirmar que, en la práctica, Erhard se convirtió en el conductor de la Economía Social de Mercado desde su estelar posición de Ministro; la implementó, la prolongó en el tiempo; dado el éxito impactante que obtuvo durante su administración pudo suscitar innumerables apoyos en todas las clases sociales de Alemania hacia la Economía Social de Mercado, que contribuyeron en grado superior a las victorias sucesivas que la CDU y la CSU (Unión Social Cristiana de Baviera), obtuvieron en los años 1953, 1957 y 1961.

No hay duda, ni sobreestimación, si decimos que Erhard fue el pionero en convertir a la Economía Social de Mercado, desde la teoría de un modelo económico, en una palpitante y arrolladora realidad en el vasto cuerpo social de Alemania de aquellas décadas.

Tomemos, ahora, para finalizar esta sección, la figura de Konrad Adenauer (1876-1977). Me encuentro con un obstáculo muy difícil de superar al tratar de referirme a él en breves párrafos. Su obra como político, como humanista, como impulsador del pensamiento social cristiano, como heraldo de nuevos tiempos, como impulsador de la unidad de Europa, como restaurador, junto a De Gaulle, de la amistad entre Francia y Alemania, como gobernante acucioso e inteligente que gobernó con probidad y brillo dejando una estela de importantes logros a su nación, son, todos ellos, perfectamente conocidos y se han analizado en innumerables libros, folletos, revistas, conferencia y publicaciones. Diré tan solo que comparto el juicio sobre el entrañable beneficio que su obra legó a las nuevas generaciones y a la humanidad. Europa le debe mucho de lo que hoy ha llegado a ser, la paz internacional recibió de sus manos un fuerte impulso, Alemania, durante su gestión, pudo dejar atrás el amargo resultado y el penosísimo recuerdo de eras anteriores llenas de indignidad y oprobio. la CDU le debe sus primeros pasos en su inicial camino. Es decir, un humanista integral del cual tenemos solo buenas palabras parar decir sin desconocer los errores que en su larga carrera de político pudo cometer.

En cuanto a nuestro tema, la Economía Social de Mercado, fue su más importante impulsador, su gobierno la extendió a todo el territorio, los éxitos económicos obtenidos en cuanto a crecimiento del PIB, equilibrio de precios y manejo de la inflación, superávit en balanza de pagos, equilibrio fiscal, tasas de empleo, disminución del antagonismo entre clases y sectores sociales, disminución de la desigualdad y aumento de los ingresos personales, son una muestra del saldo positivo que dejó su gestión en el concreto nivel de la política económica implementada.

Aproximación a caracterizar la ESM

Dirijamos nuestros pasos directamente ahora sobre el modelo de Economía Social de Mercado. Vale la pena ensayar una caracterización tan amplia, cuanto sea necesario, para que recoja sus más importantes atributos. Partimos de los elementos que, en relación con el modelo que analizamos, incorporamos en secciones anteriores cuando hicimos pequeños esbozos de algunos de los personajes y de las ideas con las que acumularon materiales que nos permiten acercarnos a una visión teórica de este tipo de organización de la economía.

La ESM es un modelo de economía que parte del reconocimiento de dos esferas de actividad relevantes las cuales, siendo diferentes, si se armonizan adecuadamente pueden potenciarse mutuamente. Esto permite alcanzar con más rapidez los objetivos que se plantean. Esas esferas, u ordenes, son el económico y el social. Examinemos brevemente cada una de ellas.

En cuanto al orden económico, la ESM afirma que la libre competencia es la mejor forma de organización de la actividad económica. Vale señalar que se le atribuye al mercado decidir sobre qué, cuanto y cómo se produce. El nivel de precios que resulte de ese proceso es el más adecuado para mantener la estabilidad del sistema, proveer por un crecimiento aceptable de la producción y velar por la constante puesta al día en cuanto a innovación tecnológica. Es decir, que acepta la teoría clásica acerca de las funciones del mercado.

Sin embargo, toma en cuenta las denominadas fallas del mercado en particular las que se refieren a la aparición, en el transcurso de la competencia, de tendencias hacia la formación de monopolios, oligopolios, cartelizaciones etc. De aquí que en el esquema de la ESM se proponga la creación de los organismos necesarios para enfrentar y prevenir este tipo de fallas. En general, estos mecanismos adquieren la forma de instituciones autónomas dentro del marco del Estado Constitucional de Derecho, que tienen a su cargo la política antimonopolio. Observan y evalúan el mercado e intervienen en cualquier caso en que constaten una desviación de la libre competencia; su función es mantenerla tan libre cuanto sea posible y acercarla, como meta, a lo que se denomina competencia perfecta.

Hay otro tipo de fallas de la libre competencia que tiene que ver con la distribución del ingreso generado. Esto no depende tanto de la esfera económica, estrictamente hablando, sino de los acuerdos y principios que la sociedad acepte en cuanto a los derechos de propiedad, la concentración de los mismos, las razones de la desigualdad, etc. Este tipo de fallas se remite directamente a la esfera social para en ella buscarle solución.

De manera que la esfera social se diseña como área independiente pero interconectada con la esfera económica, para atender las fallas del mercado en materia de ingresos, atender los temas de producción de los bienes públicos, manejar la política impositiva, diseñar e implementar una amplia política de seguridad social, pensiones, retiros, diseñar una política de respeto al medio ambiente, de disminución de los efectos contaminantes de los desperdicios generados por determinado tipo de empresas, (control de emisiones de CO2 y otros gases contaminantes), que no pueden ser combatidos estrictamente por medidas apegadas al mercado y, por último, aplicar medidas que, sin desestimular la producción alterando la competencia, tiendan a un mejor equilibrio en la distribución del ingreso generado.

La ESM es entonces un respetable modelo económico que auspicia, pero asimismo encauza la competencia, y que diseña un elevado estándar para la creación de una nueva esfera de desarrollo social. Observamos que es un modelo flexible, que puede ser adaptado a múltiples entornos políticos y socioeconómicos nacionales. De allí que pueda ser utilizado incluso por el mundo en desarrollo e incluso por los países más pobres, como un camino propio para lograr el crecimiento de su producto, de su empleo, la diversificación de su producción, el aumento de su ingreso por persona, la disminución de la desigualdad entre percentiles de ingreso y los balances macroeconómicos básicos. Esto la hace especialmente útil e importante en América Latina ya que, de aplicarse con inteligencia, adaptarse al entorno con sabiduría y mantenerse con perseverancia, puede ser una contundente respuesta a los socialismos del siglo XXI que están asolando y arruinando profundamente al continente.

Objetivos básicos de la Economía Social de Mercado

A partir de las reflexiones contenidas en párrafos anteriores continuaremos explorando en los objetivos y los elementos básicos que estructuran la Economía Social de mercado. De lo que hemos visto hasta ahora este modelo, dado su dinámica interna, los equilibrios que produce, la combinación armónica de lo social y de lo económico sobre la que se funda, tiene la potencialidad de expandirse por áreas geográficas distintas por cuanto posee las condiciones de equidad, eficiencia, operatividad y creatividad necesarias para garantizar un mejor nivel de vida, una existencia más feliz y tranquila y una economía más potente.

Un vistazo a los objetivos que la ESM persigue puede ayudarnos a comprender mejor la aseveración contenida en el párrafo anterior. Enunciaremos estos objetivos, sin intentar penetrar en un examen minucioso por razones de espacio y de tiempo, por cuanto su sola conceptualización nos indica, sobre la marcha, la dirección general que la ESM prosigue en su accionar como sistema económico particular. Estos objetivos los resumimos en los siguientes puntos.

1. Desarrollo creciente de un estado de bienestar para todos.

2. Combatir a fondo la pobreza y la desigualdad con todos los instrumentos económicos e institucionales disponibles.

3. Impulsar al factor trabajo como elemento fundamental en el proceso productivo. Despojarlo de su consideración como otra mercancía más y elevarlo, como corresponde a su papel de ser parte constituyente de la dignidad de la persona humana.

4. Avanzar hacia la Justicia Social como elemento ordenador básico de la sociedad y de sus relaciones de producción,

5. Disminuir las luchas por el ingreso y el poder entre estratos y clases sociales y abrir las puertas a la tolerancia, el respeto y los acuerdos mutuos.

6. Mantener el equilibrio ecológico y la preservación del medio ambiente tan necesarios parar las presentes y las futuras generaciones.

Principios fundamentales de la ESM

Revisemos, a partir de esto objetivos, los principiaos fundamentales que orientan su conceptualización y norman su funcionamiento. Estos provienen de dos fuentes: del pensamiento cristiano y de la idealidad democrática. Son: La dignidad de la persona humana; la búsqueda del Bien Común; la subsidiaridad del Estado; la solidaridad entre las instituciones y las personas dentro del orden social; la responsabilidad de la persona en el cumplimiento de sus tareas y responsabilidades de manera que cada uno se sienta participe de la vida del conjunto al compartir sueños, ideales y fracasos; la potenciación de las sociedades intermedias entre el Estado y la persona que persigan fines legítimos; el respeto a la libertad y a los derechos humanos; la idea que el poder reside en el pueblo que lo ejerce a través del sufragio.

Reiteramos que la Economía Social de Mercado es eficiente, participativa, innovadora y equitativa. Permite superar tanto las fallas como las perturbaciones del mercado. A la luz de los principios enunciados, ¿Cuáles son sus rasgos fundamentales? Algunos de ellos son:

    • El trabajo es el factor fundamental de la producción. Es una expresión directa de la dignidad humana. El proceso educativo debe estar orientado vitalmente hacia la dotación de capacidades de manera tal que cada ser humano sea apto para desarrollar sus habilidades en un mundo globalizado. El capital es un factor importante dentro del proceso productivo. Es la clave para la inversión y potenciación del desarrollo.
    • El mercado ha de operar con libertad para decidir qué se produce, cuánto se produce y cómo se produce. Es un mecanismo creado por la sociedad que es eficiente y práctico; funciona mejor en cuanto más se aproxime a las condiciones en las que opera la competencia perfecta.
    • El mercado no tiene capacidad técnica para decidir sobre la distribución de los ingresos. En este espacio deben actuar el Estado y la sociedad civil en la búsqueda de una política social integral. Desde aquí se expande hacia la seguridad social y otros tipos de instituciones, la redistribución del ingreso y una política impositiva equilibrada.
    • El mercado puede derivar hacia formas agudas de competencia imperfecta, hacia cartelizaciones, monopolios y monopsonios. Todos ellos son contrarios a la eficiencia productiva. En consecuencia, se debe prever una política para luchar contra todas estas formas de deformación de la competencia.
    • No existe conflictos de intereses entre la libertad y la equidad social. Al contrario, hombres libres son el presupuesto para el ejercicio de la equidad social.
    • Se tendrá especial atención en la aplicación del Principio de subsidiariedad en virtud del cual el Estado sólo debe actuar cuando advierte que los particulares o los organismos intermedios no realizan adecuadamente su tarea en la consecución del Bien Común.
    • La política social debe garantizarle a cada ser humano una educación basada en la dotación de capacidades necesarias para obtener con su trabajo digno y productivo la realización de su dignidad humana. De igual manera el orden democrático ha de estar presidido por la idea de la Justicia Social, vale decir, aquella que exige de cada uno lo necesario para el Bien Común.
    • Las organizaciones del mundo del trabajo: gremios, sindicatos, asociaciones, juegan un papel importante y útil para la sociedad en la búsqueda del Bien Común ya que permiten equilibrio de poder entre las diferentes partes contratantes.
    • La lucha por proteger el medio ambiente y obtener el crecimiento económico, en un ecosistema sustentable, solicita la intervención del Estado y de la sociedad civil para paliar o eliminar los fuertes impactos externos negativos que recibe el orden natural.
    • Además, las organizaciones empresariales que se organizan, alrededor de cada rama de la producción, tienen aceptación e influencia. Se respeta y valora su interés económico y son fuente de empleo y de crecimiento económico. En la medida en que se incorporen a las condiciones de tolerancia y respeto que establece la Economía Social de Mercado como marco de referencia será muy importante su aportación en la creación de una sociedad más armónica y más productiva.
    • El derecho a la propiedad privada de los medios de producción orientará el esfuerzo productivo. El objetivo de aspirar a una determinada tasa de ganancia, conforme con el aporte y la competencia, se acepta como una fuerza motora del desarrollo. La propiedad ha de distribuirse con equidad de manera que haya cada vez más propietarios. El derecho a la propiedad privada estimula y permite impulsar otras formas de propiedad no individuales pero importantes, como son las cooperativas de producción, las empresas de cogestión y las empresas de autogestión. El estado deberá impulsar estas nuevas formas de propiedad.
    • En países en vía al desarrollo y con ingreso medio, como Venezuela, el Estado está a cargo de una tarea importante: Debe ser una fuerza que intervenga activamente en áreas como el mercado laboral, la defensa del medio ambiente, los objetivos del desarrollo económico, la política social, la potenciación de la infraestructura, el orden y la seguridad, la protección de los más vulnerables y la paz y la armonía social.
    • La Economía Social de Mercado, ya lo hemos señalado, no debe ser una economía de mercado liberal sin control, sino una economía de mercado dirigida conscientemente por lo social y por lo ecológico.
    • Se acepta el principio de redistribución del poder fortaleciendo la sociedad civil y elevando su protagonismo. Auspicia la creación de un denso y polivalente tejido de sociedades intermedias entre el Estado y el pueblo, la sociedad civil, las cuales persiguen fines legítimos y naturales en procura del Bien Común.

Ofrecemos estos planteamientos, como base de reflexiones posteriores, que pueden sernos útiles para allanar el camino hacia seguir construyendo un nuevo modo de producción más eficiente, más avanzado tecnológicamente y más equitativo.

Hitos importantes del proceso de cogestión en Alemania

La cogestión de empresas ha resultado una extensión, y al mismo tiempo, ha acompañado a la ESM en su larga trayectoria histórica. Dada la importancia que posee este tema dedicarnos la última parte, de este breve ensayo, a una sucinta evaluación de su propia evolución.

Se entiende por cogestión una propuesta bien fundada, desde el punto de vista de la economía y de la política. dirigida a hacer efectivo que los trabajadores organizados puedan elegir sus representantes en el directorio de las empresas para así tomar parte en sus decisiones, sus políticas y sus planes. El caso más notable a este respecto en todo el planeta es el de Alemania que, desde hace muchas décadas, viene trabajando en esta dirección y que hoy tiene una actividad económica notablemente influenciada por la cogestión.

La cogestión, en el país que acabamos de mencionar, despertó muchas inquietudes e interrogantes en especial a partir del año 1951 cuando el Canciller Adenauer decidió darle un impulso definitivo Aún hoy, esta propuesta sigue despertando encendidos debates en el medio político y económico. No obstante, los cuadros de dirección empresarial y sindical, en el marco de la Economía Social de Mercado y guiados por su diáfana aproximación al acuerdo, fueron capaces de llegar a acuerdos sobre áreas cada vez más extensas de esta importante cuestión. El resultado que hoy pueden exhibir consiste en una intrincada red de leyes que norman todos y cada uno de los aspectos de la materia. Esta minuciosa red sigue abierta a su desarrollo y su perfeccionamiento y hay muchos temas abiertos al debate; uno de los más importantes es extender la paridad en la representación a todos los niveles de la empresa y disminuir el número de trabajadores por unidad empresarial para que la cogestión sea aplicada. Ya veremos hasta qué punto puede seguir avanzando el proceso de cogestión, pero lo logrado hasta la fecha es realmente impresionante, tanto desde el punto de su eficiencia en el aporte a la economía, como al del mantenimiento del orden democrático y constitucional.

La cogestión es observada con notable interés por muchos gobiernos y por el movimiento mundial de los trabajadores organizados, como una institución valiosa y aplicable en diferentes países y entornos distintos al alemán y al europeo. Esta posibilidad de adaptación de la cogestión a otras partes del planeta ha de ser considerada con peculiar cuidado ya que ella ha surgido en un país muy específico en su cultura, su economía, su política, su historia, su aporte a las ciencias y a las artes, como Alemania, y ha tardado, además, muchos años en su desarrollo desde sus primeros balbuceos hasta llegar a convertirse en una poderosa institución recogida en su marco legal y constitucional. Este lapso ha llegado a ser, hasta ahora, de más de un siglo y aún está en pleno proceso de desarrollo. Damos la bienvenida a este tipo de preocupaciones y estimulamos a economistas, sociólogos y políticos a acelerar sus reflexiones sobre cómo proceder para adaptar, con éxito conceptual y político, la cogestión a cada uno de los posibles teatros de actividades en que pueda resultar útil y conveniente.

Este marco regulatorio es objeto de minucioso análisis por Rebeca Page en: https://books.google.es/books/about/Co_determination_in_Germany.html?id=BlvSAAAAIAAJ&redir_esc=y.

Demos un paso de avance al precisar que, en Alemania, el sistema de participación de trabajadores está regulado por distintas leyes implementadas en dos diferentes niveles: i) A nivel de fábricas o unidades de producción ii) A nivel de empresas completas. Este marco regulatorio es objeto de minucioso análisis por Rebeca Page en este enlace: https://books.google.es/books/about/Co_determination_in_Germany.htmlid=BlvSAAAAIAAJ&redir_esc=y.

De inmediato haremos una breve síntesis de los hitos más significativos en la erogación de leyes dirigidas a normar el proceso de cogestión. Lo haremos según el orden cronológico:

1) Año 1919. El Art 169ª de la Constitución de la República de Weimar, que fue aprobada el 31 de julio de ese año por la Asamblea Nacional Constituyente reunida en dicha ciudad, autoriza a la representación de los trabajadores a tener idénticos derechos que los representantes del capital en importantes materias concernientes a la empresa tales como niveles de sueldos y salarios, objetivos de la producción etc. Resulta obvio que la cogestión fue incorporada a la misma primera Constitución alemana que se aprobó luego de la Primera Guerra Mundial.

2) Año 1920. Se crea el Consejo del Trabajo en todas las empresas con más de 20 trabajadores.

3) Año 1951. Se implanta la cogestión en los organismos de dirección de todas las empresas de la rama del acero, el hierro y la minería. Representación paritaria del trabajo y del capital en cada organismo de dirección. Sin duda que esta rama era minoritaria comparada con otras más poderosas de la economía alemana, incluso en aquella época; sin embargo, fue un paso decisivo en la ampliación del alcance de la cogestión.

4) Año 1976. Se emite la Ley de Cogestión. Habían pasado 25 años desde la Ley de 1951. En esta oportunidad se extiende la cogestión en forma a todas las empresas que dispongan de más de dos mil trabajadores.

Es útil recordar, por cierto, que el 8 de agosto del 2006 se celebró un evento en Berlín, presidido por la Canciller Angela Merkel, para conmemorar aquel significativo acontecimiento. En esa oportunidad la Canciller se refirió[2] al exitoso proceso de cogestión y subrayó que “la cogestión lleva a que el personal se identifique más con su empresa y los conflictos puedan ser solucionados en un marco de diálogo … la cogestión es una ventaja y no es una desventaja competitiva de Alemania y un componente imprescindible de la economía social de mercado”.

5) Año 2004. Puesta al día de la Ley de 1951.

6) Año 2004. Alemania acepta las medidas que la Unión Europea ha emitido en relación a las Cooperativas que operan en los países asociados. Siendo esta forma de propiedad y de actividad empresarial muy importante en el mundo, además de estar vinculada doctrinaria y políticamente con la Economía Social de Mercado, creemos que es bueno expresar con sencillez lo que ocurrió entonces, acerca de este tema, en la UE.

Señalemos entonces que el 22 de julio de 2003, el Consejo de Ministros de la Unión Europea adoptó dos instrumentos jurídicos, interrelacionados, necesarios para la creación de sociedades cooperativas europeas: Un Reglamento sobre el estatuto de sociedades cooperativas en Europa y una Directiva sobre la participación de los trabajadores en ellas. Ambas legislaciones debían entrar en vigor el 18 de agosto de 2006 en los 25 Estados asociados. El gobierno alemán decidió con rapidez trasponer tales mandatos a su legislación interna y, por tal razón, ordenó al Ministerio de Justicia tomar medidas al respecto. Este Ministerio envió el 27 de enero un proyecto de Ley al Bundestag que lo aprobó y lo puso en vigencia un día más tarde.

La cogestión seguirá en discusión en Alemania por mucho tiempo aún. Sus resultados se reputan en general como ampliamente positivos y de esa experiencia se pueden extraer conclusiones acerca de cómo, en el debido momento y circunstancias, y seguramente asociados a un cambio en el propio modelo económico, pueda ser útil aplicarla[3] paulatinamente en otras regiones de la tierra, en especial, aquellas sumidas en un grave y prolongado estado de subdesarrollo y atraso.

Deseamos cerrar este apartado trayendo a colación una cita de uno de los principales actores durante el proceso de gestación, alumbramiento y potenciación de la experiencia cogestionaria. Me refiero a un texto de la CDU al respecto, hecho público en el año 2016, que parece interesante traer a colación. Los social-cristianos alemanes afirman: “Nuestro modelo de cogestión es uno de los principales motivos para el éxito económico de las empresas alemanas, así como del bienestar en el país… Los derechos de participación en las decisiones empresariales incrementan la identificación con las empresas y mejoran notablemente la calidad de las decisiones empresariales. Por tanto, nuestro modelo de cogestión es una ventaja en el marco de la competencia internacional”. (Véase artículo de Xosé Carlos Arias al respecto: La cogestión, alternativa y tabú – PERSPECTIVA (ccoo.cat)

Conclusión

El Canciller Adenauer solía afirmar que, la política económica, asegurada por el concepto de Economía Social de Mercado, era la mejor política social. Tenía razón el Canciller; hoy podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que la ESM ha logrado metabolizar, además de la social, otras esferas importantes de la actividad humana, tales como la defensa de una ecología sustentable y humanizada y la canalización de la potente corriente globalizadora que sigue sacudiendo el planeta durante este siglo XXI.

Lo inmediatamente anterior nos sirve para ratificar la idea, que ya hemos venido comunicando en otros párrafos de este ensayo, que un rasgo, muy significativo, de la ESM es una peculiar flexibilidad para ser útil y ser aplicada en numerosos entornos, probado que sus ejecutores eventuales tengan la capacidad de realizar, dentro del marco conceptual básico, las adaptaciones necesarias y pertinentes. Por eso me permito afirmar que, la ESM tiene aún mucho territorio por recorrer, y que el próximo gran reto a enfrentar es su aplicación en países en vías de desarrollo sumidos en el atraso y la pobreza. Permita Dios que este instrumento, la ESM, puede hacer avanzar a la humanidad en esas naciones, en un tiempo no demasiado lejano en el futuro, hacia la dignidad y la vocación a que están llamados por la historia.

[1] Véase: Müller-Armack, A. (1962). Estudios sobre la economía social de mercado. Revista de Economía y Estadística, Tercera Época, Vol. 6, No. 4: 4º Trimestre, p 182

[2] Puede consultarse en DW: Alemania: 30 años de cogestión | Economía | DW | 30.08.2006

[3] Con relación a este despliegue de políticas cogestionarías vale la pena hacer referencia a la presentación ante el Senado de USA de un Proyecto de Ley, en agosto del 2018, por la Senadora E. Warren (D-M) llamado Accountable Capitalism Act en el cual propone incluir en su Sección 6 el Articulo siguiente: “Not less than 2⁄5 of the directors of a United States corporation shall be elected by the employees of the United States corporation using an election process that complies with the requirements of the rules issued under subsection (a). Este Articulo será aplicado a todas aquellas empresas, grandes que tengan ingresos brutos de más de un billón de US$ (1.000.000.000.