MILOS ALCALAY
Milos Alcalay ha sido embajador de Venezuela en Rumania, Israel, y Brasil, Viceministro de Relaciones Exteriores y representante permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas.

En uno de los números recientes de Encuentro Humanista, tuvimos la oportunidad de leer artículos excelentes que nos permitieron recordar y profundizar temas que motivaron y motivan a pensadores de Europa, de América Latina y de otras regiones en la defensa de la noción de la Economía Social de Mercado.

En este artículo quisiera resaltar algunas consideraciones sobre la Economía Social de Mercado y sus relaciones con la democracia en un mundo fragmentado.

Ello cobra mayor vigencia ante la invasión de Ucrania desatada brutalmente por la Rusia putiniana, lo que ha producido un grave desequilibrio en el mundo, y ha llevado al Papa Francisco a advertir que esta confrontación representa el inicio de una Tercera Guerra Mundial.

En cconfrontaciones mundiales anteriores, por ejemplo al final de la I Guerra Mundial, vimos como resultado el fin de los Imperios Otomano, Austro-Húngaro y el fin de los poderes coloniales europeos. El fin de la II Guerra Mundial significó a creación de la ONU y la esperanza de nunca más permitir que se repitiese el criminal genocidio y Holocausto que de manera aberrante desató Hitler contra minorías, sin justificación alguna. Luego en la época de la Guerra Fría, se vivió la pugna de las dos súper potencias de ese entonces, y la confrontación entre el modelo capitalista y el marxista, imponiéndose el pensamiento y los valores occidentales. Tampoco se ha continuado la confrontación Norte-Sur, ya que los países integrantes del Planeta han decidido cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).
La gran confrontación hoy se da entre el modelo democrático de libertades, para nosotros muy vinculado a la noción de la Economía Social de Mercado, y el autoritarismo y la dominación de regímenes totalitarios que pretenden destruir a los que no siguen sus postulados totalitarios..

En el campo de la consolidación de nuevas reglas de participación popular entre los defensores de la democracia, podemos esbozar varios esquemas. Pero en esta oportunidad quisiera tan solo concentrar mis reflexiones en lo que relaciona las opciones democráticas con la Economía Social de Mercado.

Es evidente que si asumimos esta posición, no podemos descartar los elementos de configuración de la economía de mercado libre, pero, al mismo tiempo, aceptar que el Estado debe asegurar que no se produzca la concentración de poder en pocas manos, y estimular la creación de empleos con condiciones laborales dignas, fomentar la cohesión social, y promover la dignidad humana.

En estos momentos de fragmentación que viven los países del mundo entre democracia y aautocracia, es más importante que nunca lograr la reafirmación de los principios, y vincular el concepto de Economía Social de Mercado a tres nociones que si bien están implícitas, debemos resaltar el modelo que caracteriza un mundo lleno de contradicciones y vincularlo a la libertad, la democracia y el Estado de Derecho.

Se puede tener un Estado de Derecho sin democracia, ya que la condición de la existencia de un Estado de Derecho es que el Estado tenga un conjunto de leyes que regulen las relaciones entre el Estado y los particulares, y si ello está desvinculado de la noción ética, probablemente implica la no existencia de un régimen democrático. Pero a la inversa no es igual. No puede haber democracia sin la existencia de un Estado de Derecho que norme las relaciones entre todos.

Otro aspecto a considerar es el de la relación entre la democracia y la libertad. La democracia establece una participación de los ciudadanos en la elección de su propio destino a través de sus representantes, pero sin libertad no se garantiza que los ciudadanos e instituciones que adversen al poder de turno puedan manifestar libremente las ideas, sin temor a represalias.

Estas breves reflexiones nos convocan a lograr la perfectibilidad de la democracia, y enfrentar los esquemas de dominación totalitaria que se multiplican cada vez más. Es un reto que debemos asumir con valentía y dignidad.