Jean-Noël Barrot
Milos Alcalay
El humanismo surge en el momento en que pensadores y actores políticos han llegado a la convicción de que es solo a partir de la dignidad del ser humano que debe construirse la base de toda sociedad y del todo compromiso político. En diferentes etapas de la historia, el humanismo ha asumido posiciones que han servido como la contrapartida para enfrentar corrientes de pensamientos opuestos, anclados en los dogmas, actuaciones totalitarias, regímenes donde impera la injusticia.
Su formulación ha sido la fortaleza que se adaptó a diferentes momentos de la historia. Pensadores como Dante Alighieri, Petrarca y Giovanni Boccaccio en la época renacentista, retomaron los postulados griegos para adaptarlos al continente europeo. En la etapa moderna, pensadores como Erich Fromm o Jean Paul Sartre, se definen como existencialistas, pero se ven enfrentados a un humanismo más integral como el de Albert Camus, o Stefan Zweig y algunos años más tarde, con el mensaje social de la Iglesia adaptado a partir del Concilio Vaticano II que imprime la marcha hacia la Justicia Social y el Bien Común.
En su constante evolución, en el Siglo XXI, el reto del existencialismo es asumir una posición ante la actual confrontación bélica mundial, que exige una respuesta del humanismo en su constante búsqueda de la verdad, que permita no solo identificar al enemigo militar, sino vencer la desinformador mediática existente, tan perjudicial a la verdad.
De manera brillante, el ministro de Europa y de Asuntos Exteriores de la Cancillería Francesa, Jean-Noel Barrot pone “el dedo en la llaga” en un discurso el 7 de mayo de 2026 dirigido a los internacionalistas sobre el tema “Actuar en la Batalla de los Relatos”. Este “aggiornamento” de la diplomacia del Quai d´Orsay se proyecta hacia una definición europea y de gran trascendencia para regiones como Latinoamérica, ya que somos víctimas de una narrativa que no es inocente. En el caso de Venezuela, el maquillaje de una presidenta interina ha dejado los planteamientos “revolucionarios” por una falsa narrativa neoliberal de privatizaciones falsas, y en sus discursos después del 3 de enero ya no cita las frases de Fidel y Chávez para sustituirlos con mensajes de la Biblia, cambiando el color rojo por el azul, y hablando de paz, amor y reconciliación, pero manteniendo a más de 500 presos políticos a pesar de la chucuta ley de Amnistía.
Es preocupante notar que la opción de cambiar 27 años de dominación totalitaria se resuma con llevarse preso a Maduro, pero dejar a su brazo derecho para acabar con el modelo totalitario con los mismos actores políticos del pasado “reciclados” o justificando su permanencia en temas de seguridad nacional, inmigración ilegal, o justificar su permanencia frenando las relaciones privilegiadas con China, además de responder a intereses económicos del Tutor, alejándose del camino de una transparencia popular basada en la verdadera narrativa de la Libertad, la Democracia y la Justicia Social.
En el otro polo, “los rusos también juegan”. Una narrativa que promueve la confrontación de civilizaciones como en el caso de la interminable guerra de Ucrania, que en el fondo se presenta como la alternativa ante el mundo occidental que intenta destruir con caricaturas de la realidad proyectadas en un bombardeo mediático.
El régimen de los Ayatolas no queda fuera de ese juego de narrativas. Procura una dominación teocrática que no deja de apoyar la militarización de aliados como el Hamas, el Hezbolá, los Hutíes y que negocia en Pakistán, su gran aliado, en una fantasía de negociaciones en las que ataca a los países musulmanes del Golfo, en los que no se ve el apoyo a la verdadera oposición democrática persa.
“En la guerra informacional de 2026 las armas son relatos visuales y entretenidos. Su forma es lúdica, pero su función es evidentemente geopolítica”, afirma con acierto el ministro Barrot en su intervención antes señalada.
Es evidente que no basta con tener el “diagnóstico” sino actuar con los mecanismos modernos de la información, presentando el relato existencialista del Siglo XXI. Sin un relato, la civilización occidental corre el riesgo de perder la batalla mediática, independientemente del resultado militar real.
La civilización humanista nos da las bases de varios siglos de especificidad. Pero en pleno Siglo XXI no basta con tener la verdad, sino proyectarla, definirla y reiterar nuestra vocación de libertad, democracia y pluralismo utilizando con maestría herramientas digitales con base en interpretaciones realistas que nos permitan enfrentar la desinformación planetaria. Todo ello nos debe llevar a profundizar nuestro propio relato.