EL PACTO DE PUNTOFIJO: EJEMPLO DE LIDERAZGO COLECTIVO POR LA DEMOCRACIA
Se ha dicho, y yo lo comparto, que Venezuela, en un corto periodo de tiempo, produjo tres de los más importantes documentos de su historia: la pastoral de Monseñor Arias Blanco, el 1 de mayo de 1957, el Pacto de Puntofijo, firmado el 31 de octubre de 1958, poco tiempo antes de las primeras elecciones después de la caída de la dictadura, y finalmente la constitución aprobada el 16 de enero de 1961.
Lo primero a decir sobre el Pacto es que se llama de “Puntofijo” (y no Punto Fijo, como la grata ciudad ubicada en la península de Paraguaná, en el estado Falcón), ya que se firmó en la quinta “Puntofijo”, residencia familiar en ese entonces del Dr. Rafael Caldera.
El Pacto había comenzado a vislumbrarse meses antes de que saliera Pérez Jiménez del gobierno, al coincidir en Nueva York los tres líderes democráticos más importantes del momento: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villaba.
Las traumáticas experiencias previas en las luchas por la democracia habían conducido a los tres a una convicción que demostró ser cierta: pensar la democracia futura era necesariamente hacerlo en unidad, porque los enemigos que tendría no iban a cejar en su intento de impedir que llegara, o que se consolidase.
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