CÁRCEL EL HELICOIDE

Paciano Padrón

Una silla vacía en un hogar venezolano no es algo nuevo, por desgracia, ni desapareció con el dictador Maduro, porque la dictadura continúa. Detrás de cada preso político hay un hijo que llora, una madre que sufre, una pareja que padece; por cada hombre o mujer privado injustamente de su libertad, hay una familia castigada, amenazada e incompleta, en espera de la justicia que llegará. Llegará, a no dudarlo.

Donde hay dictadura hay presos políticos; al concentrarse el poder en una sola persona o grupo reducido sin controles o contrapesos reales, al restringirse libertades como la de expresión, prensa y participación política, al eliminarse mecanismos de elección libre y justicia independiente, inevitablemente surgen los presos políticos, las personas privadas de libertad por ejercer sus derechos, disentir del gobierno y expresarlo; son los llamados “presos de conciencia”,  privados de libertad por razones políticas,  violando así derechos fundamentales.

Hace pocos días, el pasado 5 de julio, conmemorábamos 215 años de nuestra Declaración de Independencia; desde allá hasta hoy, y si se quiere ser más riguroso desde 1830, cuando nace la Cuarta República, hasta el presente, la mayor parte del tiempo en Venezuela hemos padecido de dictaduras, habiendo sido, como se sabe, el lapso 1958-1998 el periodo más largo de democracia en nuestra historia, 40 años donde se sucedieron ocho gobiernos electos democráticamente. La dictadura ha sido por desgracia la constante; en consecuencia, los presos políticos no son extraños a nuestra historia.

Las tres dictaduras venezolanas más emblemáticas, la de Juan Vicente Gómez (1908-1935), Pérez Jiménez (1952-1958) y la actual Chávez-Maduro-Rodríguez (1999-2026), tienen en común la corrupción y la concentración del poder, la eliminación de controles, la intolerancia a la discrepancia y la sanción a la disidencia, lo que se traduce en presos políticos, acompañada esa prisión, en la mayoría de los casos, de tortura física y psicológica. Esta última alcanza igualmente a las familias de los ilegalmente privados de libertad. Los perseguidos y sancionados ilegítimamente por estos tres regímenes en cuestión, son fundamentalmente dirigentes políticos, sindicalistas, periodistas, jóvenes, estudiantes, miembros de la sociedad civil organizada y militares patriotas, que se niegan a obedecer órdenes injustas.

Si algo bueno dejó el período gomecista, fue la consolidación del Estado y la República, la centralización del poder, lo que tal vez se exageró al concentrar en demasía en Caracas el ejercicio de la gestión pública. Muerto Gómez, se ordenó la inmediata demolición de la cárcel de La Rotunda, símbolo de tortura y privación de libertad; en su lugar se construyó la Plaza de La Concordia.

En la dictadura pérezjimenista la tortura de los presos políticos se hizo particularmente notoria, junto a la limitación de los derechos civiles y políticos. No obstante la perversidad del régimen en cuanto al ejercicio de los derechos políticos, se suele anotar a favor del régimen pérezjimenista la construcción de obras fundamentales para la modernización de Caracas y Venezuela. Caída la dictadura se demolió de inmediato el edificio de la sede principal de la Seguridad Nacional, que era la temible policía política del régimen, ubicada en la Plaza Morelos, donde años después se construyó el Hotel Caracas Hilton, luego llamado Alba Caracas.

Los 27 años y medio de la dictadura Chávez-Maduro-Rodríguez dejan el mayor número de presos políticos, desaparecidos y torturados en la historia de Venezuela, estimados en decena de miles a lo largo de casi tres décadas, debidamente documentados en informes condenatorios de organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos,  la Misión Independiente de la Verificación de los Hechos sobre Venezuela, de la misma ONU,  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, y el Parlamento Europeo.

La Corte Penal Internacional, ante la cual me ha correspondido actuar como Vicepresidente de CICIVEN, Comité Internacional Contra la Impunidad en Venezuela,si bien abrió averiguación formal al declarar la existencia de graves crímenes de lesa humanidad, de presos políticos, desapariciones y tortura, desgraciadamente y de manera injustificable no ha procedido al encausamiento de los responsables en la línea de mando, no se les ha citado, ni se han dictado aún autos de detención y, lo más grave, no se han establecido medidas cautelares para evitar que esos crímenes se sigan cometiendo. No obstante esta realidad, seguimos insistiendo hasta que haya justicia en La Haya. La habrá.

Ya hay quienes reflexionan sobre si debe o no demolerse El Helicoide, símbolo de la represión del régimen criminal imperante. Al tratarse de una infraestructura valiosa, a la que tal vez podría dársele un uso provechoso para la sociedad, hay quienes sostienen que una parte de ese importante inmueble debe ser convertido en un Museo del Horror, para que las futuras generaciones conozcan lo que nunca más debe repetirse en Venezuela ni en otras partes del mundo.

A partir del 3 de enero de 2026, el gobierno de los Estados Unidos exigió a Delcy Rodríguez como Encargada de la Presidencia de la República,  la liberación de los presos políticos, no habiendo existido rigor en esa exigencia, al punto de que la Ley de Amnistía fue una burla, el mayor número de liberados continúan sometidos a medidas restrictivas del ejercicio de sus derechos ciudadanos, amén de que todavía hay centenares de presos políticos, civiles y militares, hombres y mujeres; pero hay más, se han documentado decenas de nuevos presos  de los Rodríguez, ratificando nuestra afirmación inicial: dictadura y presos políticos constituyen una binomio inseparable.  Estos nuevos presos, además, hacen entender que la llamada “puerta giratoria” sigue funcionando, unos salen y otros entran.

El Foro Penal reporta más de 19.000 detenciones políticas desde el 2014, sin contar los miles de detenidos y desaparecidos en los primeros 15 años del régimen iniciado por Chávez en 1999. Una mirada especial requiere los presos militares, brutalmente torturados, quienes no tienen un grupo o gremio que los recuerde y levante la voz por ellos; cuando el militante de un partido va preso por razones políticas, su organización levanta la voz, como lo hace el Colegio de Periodista o cualquier otro gremio, cuando uno de sus afiliados es detenido por motivación política; la Fuerza Armada guarda silencio ante la prisión de sus oficiales y soldados. Levantamos la voz por ellos.

Hablar de los presos políticos, los de El Helicoide, la DGCIM, Yare, El Rodeo o cualquier otro centro de reclusión, es hablar de seres humanos torturados, muchos físicamente y todos psicológicamente; allí no hay atención médica ni sanitaria, hay aislamiento y el sistema judicial es un arma de guerra psicológica, los familiares carecen de información y muchas veces ni siquiera saben dónde tienen secuestrado a su ser querido; es un drama repetido mil veces, que para comprenderlo no hay que indagar mucho, basta recordar el nombre de Doña Carmen, la anciana que buscó desesperadamente a su hijo Víctor Hugo,  que habiendo sido ya asesinado por los criminales del régimen, estos le escondieron la verdad de su muerte, como le habían escondido la verdad de su prisión y tortura hasta hacerle perder la vida.

Este régimen criminal, a diferencia de la dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez,  no ha dejado nada bueno al país, lo destruyó todo, robó sus riquezas, mantiene una deuda todavía incalculable, la administración es inauditable y aniquiló sus instituciones; si respetamos la verdad, reconocemos que con Gómez se inició la industria petrolera, se puso fin a las guerras civiles y se unificó el país; con Pérez Jiménez se inició la infraestructura de la Venezuela moderna; pero con la nefasta dictadura del llamado socialismo del siglo XXI, hemos retrocedido décadas, hoy no hay infraestructura ni instituciones, como quedó al desnudo ante el lamentable reciente terremoto, que derrumbó viviendas y tumbó mitos. Es la hora de avanzar, si bien ya el dictador Maduro no está, hay que ponerle fin a la dictadura que aún persiste sin él.

Exigir la plena libertad de los presos políticos, decirle no a la libertad condicionada, que no es sino una limitación de los derechos cívicos y ciudadanos, pedir el cierre de las cárceles del miedo y la tortura es pedir el cese de la tiranía, porque dictadura sin presos políticos ya no es dictadura.

Levantamos una vez más la voz y pedimos no olvidar a los presos políticos en ninguna circunstancia; el olvido es la mayor injusticia contra ellos. Estamos obligados a mantener vivos y presentes sus nombres, para marchar hacia el fin de la dictadura, camino a la democracia y a la libertad.

*Vicepresidente de CICIVEN, Comité Internacional Contra la Impunidad en Venezuela. pacianopadron@gmail.com