Franklin Brito (In memoriam)

María Eugenia Cisneros Araujo (1)

¿Quién puede estar sereno en un país cuando ambos, gobernantes y gobernados carecen de principios?

“La esclavitud en Massachusetts”
Henry D. Thoreau

La huelga de hambre realizada por Franklin Brito para oponerse al poder hegemónico arbitrario ejercido por Hugo Rafael Chávez Frías es un caso inédito de desobediencia civil en Venezuela.

Un biólogo que se dedicó a la agricultura, a sembrar maíz, plátano, patilla, melón, yuca y que decidió vivir con su familia en Guarataro a quince (15) minutos de la tierra que había comprado en Iguaraya, sector la Tigrera, Municipio Sucre del Estado Bolívar.

Estando instalado en su nuevo hogar se involucra con una situación que está afectando a los que cultivan ñame: el tubérculo está siendo atacado por una plaga. Se va a la Universidad Central de Venezuela para investigar el problema, y consigue una solución ecológica y económicamente factible que aprueba la Corporación Venezolana de Guayana.

La consecuencia de su propuesta fue la desestimación de la sugerencia previa realizada por el alcalde (2004-2008) del municipio Sucre del estado Bolívar, Juan Carlos Figarella, miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela, cuya reacción fue hacer un uso desmedido de su poder contra la familia Brito. Utilizó sus influencias para que despidieran a Franklin Brito y Elena de Brito de los respectivos liceos públicos donde trabajaban impartiendo clases sin que les pagaran ni reconocieran sus derechos como trabajadores. Asimismo logra que el Instituto Nacional de Tierras (INTI) actúe al margen de la ley y le quite arbitrariamente a la familia Brito una cantidad de tierra que les pertenece como propietarios y se las conceda a unos vecinos que colindan con su finca.

Esos vecinos son Rafael D’Amico y Concepción Antoima, que tienen vínculos con el alcalde. Le arrebatan a Franklin Brito porciones de terreno de su propiedad de forma ilegal; D´Amico y Antoima le impiden a Brito el acceso a su propiedad, le cierran el paso a Iguaraya. Aquí comienza la batalla para él y su familia.

Franklin Brito denuncia los hechos violentos en su contra ante el Comando de la Guardia Nacional de Maripa, deja copias en la Oficina Regional de Tierras, el Instituto Nacional de Tierras y la Procuraduría Agraria Regional y Nacional. Para ese momento, Chávez está haciendo uso de la Ley Habilitante para iniciar una reforma agraria, dándole poder discrecional al Instituto Nacional de Tierras en la repartición de cartas agrarias, e instaura asimismo la propiedad colectiva y la expropiación.

Bajo estos cambios se dan cartas agrarias sobre tierras que no tienen propietario y no son productivas. Unas de estas cartas se las asignan a D´Amico y Antoima sobre la propiedad de Franklin Brito. Así, lo despojan de la tierra que compró con su dinero. Una tierra que sí tiene dueño como consta en el documento registrado, y que es productiva. Ante tal atropello Franklin Brito activa la estructura jurisdiccional. Acude a los tribunales, representación institucional de la justicia, de la aplicación del derecho, y garantía del debido proceso. Introduce la demanda, hace las respectivas denuncias, se inicia el procedimiento jurídico. No obtuvo respuesta, no fue escuchado ni en el Estado Bolívar ni en Caracas. Ya no existía Estado de derecho en Venezuela, sino un poder hegemónico que anunciaba la destrucción de la República, el fin de la democracia, el reino de la iniquidad, de la sinrazón, de abusos.

Este panorama revela la eliminación del fundamento jurídico, el uso de la violencia, represión y la fuerza para conseguir la obediencia y cooperación de los individuos y la sociedad que se opone a la injusticia y actos arbitrarios que realiza el poder hegemónico. El Estado actúa con represión sobre los individuos, la sociedad, y éstos, emprenden acciones contra el Estado para defender sus derechos y libertad. Una de las formas de lucha política para rescatar el Estado de derecho es la desobediencia civil.

Ante la crueldad del poder, la violación infame de los derechos, y de la libertad, con ataque a la dignidad, Franklin Brito emprende la huelga de hambre, una de las formas de desobediencia civil. Una lucha política que se caracteriza por ser pacífica y extrema al estar en peligro la integridad física de quien o quienes deciden hacerla. Es un acto que visibiliza los abusos del poder contra el ciudadano, contra la República, contra la democracia, contra la libertad, contra los derechos, contra la condición fundamental del ser humano.

La huelga de hambre busca la obtención de justicia, el cese de la violación de los derechos, el rescate de la libertad, poniendo en riesgo la vida por tratarse de un tipo de oposición a la hegemonía de poder que contiene la muerte inminente como probabilidad y no como fin. Responde a la decisión voluntaria de no ingerir alimento para ejercer presión sobre el causante directo que comete la injusticia hasta que los reclamos sean atendidos.

Lamentablemente Franklin Brito muere el 30 de agosto de 2010, luego que funcionarios de la Policía Metropolitana se lo llevaran en contra de su voluntad al Hospital Militar el 13 de diciembre de 2009, violando con esa acción las medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La huelga de hambre ejercida por Franklin Brito encarna la lucha de la libertad ciudadana contra el poder opresivo.

¿Qué representa la lucha de Franklin Brito? Franklin Brito es nuestro Sócrates venezolano porque reivindica la ética, el Estado de derecho, la ley, la justicia, la dignidad, la vida humana.

La desobediencia civil coloca en puntos opuestos al poder y la libertad; el Estado y la sociedad; la tiranía y la democracia; el Estado de derecho y el no-Estado de derecho; la represión y la participación; la opresión y la persistencia en la lucha política. En esta brecha los individuos en cooperación con otros tienen el deber de emprender acciones que involucren la conciencia de aceptar que forman parte de una comunidad, de una sociedad que padece las consecuencias de la pérdida de la libertad por un Estado injusto, ilegítimo, ilegal y arbitrario.

Brito es movilizado por la práctica de su libertad como condición humana y su conciencia de responsabilidad y compromiso político, por su autonomía individual, sus convicciones, principios, ética y moral, junto a su civilidad, al buscar confiar en el Estado de derecho, la democracia, la República y la libertad decidió luchar por la justicia y oponerse al atropello del mero poder, asumiendo los riesgos que implican hacer una huelga de hambre. ¿Qué hacer ante el abuso del poder? Surge una pregunta individual: ¿Debo o no obedecer a un Estado injusto, ilegal, ilegítimo y arbitrario? Algunos se atreven a encarar la convocatoria de su fuero interior; otros la entierran, la bloquean, le dan la espalda. Cada quien responde de forma diferente.

Franklin Brito atendió al llamado y apostó por los principios, la ética, la virtud, la conciencia política ciudadana, el Estado de derecho y la justicia. Optó por enfrentar, por la vía de la desobediencia civil, al poder hegemónico, con el fin de rescatar el Estado de derecho. Los otros, la sociedad, los politiqueros de todos los bandos, decidieron ser apáticos, huir, ser indiferentes, quedarse en la simpleza de decir: ese no es mi problema, que se encarguen otros.

El país dejó solo a Franklin Brito y a su familia en la batalla. Un enfrentamiento que hacía visible lo poco que estaba quedando de civilidad y mostraba la bestia monstruosa que la estaba exterminando. Lo cierto es que las acciones injustas que realiza el poder descolocan a la sociedad, a los individuos de su estado de confort, los conmina a tomar
decisiones: obedecer o no; oponerse o no al poder hegemónico.

La huelga de hambre realizada por Franklin Brito para defender la civilidad ante el poder hegemónico es emblemática y no comprendida.

Su caso sigue impune, ha sido olvidado, abandonado por su propio país. Aún se está a la espera de su justa indemnización, la compensación por todos los daños causados a él y a su familia. Es la responsabilidad que nos corresponde como ciudadanos.

Dar a su lucha el reconocimiento que le corresponde sería una señal, un atisbo de posibilidad de reconstrucción de la república y de una posible vuelta a la democracia.

En un artículo de mayor extensión me dedico a analizar detalladamente lo narrado en estas pocas líneas. Las implicaciones filosóficas y políticas de las acciones emprendidas por Franklin Brito en Venezuela: ¿Qué es la desobediencia civil y en qué circunstancias se hace presente? ¿Cuáles son los rasgos que anuncian la aparición de un poder arbitrario?

¿Cuál es el soporte que da legitimidad al poder? ¿Cómo el poder hegemónico deshumaniza? ¿Cómo se pasa de la libertad como condición humana a la libertad política, de la lucha individual a la lucha de la mayoría? ¿Qué significa que los ciudadanos se vuelvan contra el Estado? ¿Por qué Franklin Brito es el Sócrates venezolano? ¿Dónde estamos ahora?

Los invito a leerlo…

1) Doctor en Filosofía (Universidad Simón Bolívar). M.Sc. en Filosofía, mención Filosofía y Ciencias Humanas Universidad Central de Venezuela). Lic. en Filosofía (UCV). Lic. en Estudios Internacionales (UCV). Abogado (UCV).