Categoría: CRISIS VENEZOLANA

Venezuela ya abrió su petróleo una vez. La pregunta es por qué ahora lo hace de manera tan imperfecta

La llamada Apertura Petrolera comenzó a diseñarse durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y fue profundizada durante el segundo gobierno de Rafael Caldera.
No fue un proceso improvisado.
Se construyó sobre distintas modalidades de participación privada: convenios operativos para campos marginales, asociaciones estratégicas para desarrollar la Faja del Orinoco y mecanismos de exploración a riesgo y ganancias compartidas.
Durante el gobierno de Caldera, además, el proceso fue sometido al Congreso Nacional.
En 1996, por ejemplo, el Congreso aprobó los convenios de apertura mediante el esquema de ganancias compartidas, mientras PDVSA, a través de la CVP, establecía asociaciones con empresas nacionales y extranjeras.
El propio Rafael Caldera destacaba en su mensaje al Congreso de 1996 que la apertura permitía la participación privada nacional y extranjera mientras preservaba la soberanía del Estado y el protagonismo de la industria nacional.

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Franklin Brito y la desobediencia civil

La huelga de hambre realizada por Franklin Brito para oponerse al poder hegemónico arbitrario ejercido por Hugo Rafael Chávez Frías es un caso inédito de desobediencia civil en Venezuela.

Un biólogo que se dedicó a la agricultura, a sembrar maíz, plátano, patilla, melón, yuca y que decidió vivir con su familia en Guarataro a quince (15) minutos de la tierra que había comprado en Iguaraya, sector la Tigrera, Municipio Sucre del Estado Bolívar.

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Cuando el poder pierde disciplina

Aunque no siempre lo parezca, los conflictos que las noticias internacionales nos recuerdan a diario están interconectados, incluyendo el largo conflicto híbrido venezolano.

Lo que presenciamos es parte del movimiento tectónico que acompaña el avance hacia ese ya anunciado nuevo orden internacional —todavía en pleno proceso de acomodo– , que, más que una reedición del antiguo sistema de equilibrios precarios de poder emerge cada vez con mayor claridad marcado por una ausencia de disciplina colectiva.

Ya no basta hablar de la crisis del multilateralismo o del unilateralismo estadounidense. Más bien vemos una creciente participación de actores que se distribuyen la autoridad, la coerción y la capacidad de decisión de una manera distinta, porque las reglas internacionales subsisten, pero disciplinan cada vez menos a quienes poseen poder para ignorarlas. Al mismo tiempo, dentro de numerosos países, incluyendo Venezuela, el debilitamiento institucional abre espacios que son ocupados por liderazgos populistas, potencias extranjeras, empresas, grupos armados, plataformas tecnológicas y redes transnacionales. Es decir, la gobernanza global cambia de manos y se vuelve más fragmentada, transaccional y opaca.

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