Autor: Webmaster

ARGENTINA: LA URGENTE NECESIDAD DE CAMBIO

Recordaba recientemente Guy Sorman unas palabras del sociólogo francés Raymond Aron, luego de visitar Argentina en 1960: “hay tres tipos de economía: capitalismo, socialismo y Argentina”. Creo que se quedó corto el maestro Aron. El problema no es solo la economía.

Desde hace más de medio siglo hablar de política en Argentina ha pasado en buena medida por ese fenómeno antipolítico llamado el peronismo. El próximo mes de octubre el pueblo argentino tiene una gran oportunidad -una vez más- de realizar un cambio decisivo para abandonar viejos y muy dañinos hábitos, para evitar seguir equivocándose.

Hábitos que se resumen en una palabra y en un personaje: Juan Domingo Perón y el peronismo.

Perón impuso una impronta caudillista como pocos. Dejó como testamento sólo ideas generales de tufo populista, así como una forma de hacer las cosas con base en un clientelismo antológico, ligado con formas más o menos visibles de autoritarismo, con su persona como objeto de culto. El peronismo se caracteriza por una flexibilidad proteica –de valores, de propuestas, de visiones, de análisis, de estilos-, ya que el fin último es explotar la poca memoria de la masa, y poner todo al servicio del caudillo de turno. Ello aporta la inmensa ventaja de que ninguna ideología ni algún principio que quede todavía realengo por allí es de importancia a la hora de crear nuevas, pero siempre fructíferas capturas del poder. Eso fue lo que entendió un joven Néstor Kirchner, desde su lejana y sureña gobernación de Santa Cruz. Apenas llegar a la presidencia, renovó los hilos del poder peronista para ponerlo al servicio de la construcción de una nueva hegemonía. Y quien al final terminó cobrando y disfrutando fue su viuda Cristina, hoy a su vez enfrentada y acorralada por una justicia que aspira que ella pague todos sus desatinos y corrupciones.

En cierta ocasión, hace algunos años, se le solicitó al dueño de un bar llamado “Perón, Perón” que definiera al peronista típico: “Amigo de sus amigos, bueno para los asados, aficionado al fútbol, y sin dominio del inglés”. Al respondérsele que esa sería la definición del argentino promedio, indicó con sorna: ”Claro, el argentino promedio es peronista de corazón”.

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CORRUPCIÓN Y ANTIPOLÍTICA

En el mundo hay un auge de la “antipolítica”, que, evidentemente, no es otra cosa que una posición política. Hoy abundan los que hacen política afirmando, sin ruborizarse, que no son políticos. Fernando Savater decía que:” La decepción de la política trae la búsqueda de figuras que, partiendo de ella, le prometen a la gente que la van a salvar de la política, en lugar de tratar de hacer una mejor política. Yo desconfío profundamente de esos personajes, que siempre dejan a la ciudadanía en una condición de tutela y vasallaje.” Fidel Castro dijo una vez:” No somos políticos, hicimos la revolución para echar a los políticos”, Francisco Franco: “Haga como yo, no se meta en política” y Hitler: ¿Política? Yo ya no hago política. Me repugna”. En efecto, la antipolítica es una posición política no democrática. Ahora bien, la antipolítica tiene también su explicación en el auge extraordinario de la corrupción política, que tiene que ver con la profunda crisis ética de la sociedad contemporánea, narcotizada por un vulgar consumismo hedonista que, a su vez, fomenta una codicia desenfrenada y sin límites. La corrupción es un fenómeno inherente a la naturaleza humana y que, por tanto, ha estado y estará presente en toda sociedad. Sin embargo, la historia demuestra que es posible limitarla y reducirla. La triada compuesta por la democracia, un Estado de derecho eficaz y una economía de mercado, con solidaridad social, es el antídoto más efectivo para combatirla. Estoy de acuerdo con Karl Popper cuando nos dice que:” “el marco moral” es la piedra miliar de la cual dependen la solidez o la precariedad de las instituciones democráticas”. Sin embargo, para enfrentar, con éxito, la corrupción, no bastarán el necesario esfuerzo en la formación ética de los ciudadanos y los llamados a la “virtud pública”, si no fortalecemos y agilizamos los obsoletos procedimientos jurídicos nacionales e internacionales, que favorecen la impunidad de los corruptos. También es absolutamente indispensable, particularmente en América Latina, mejorar los sueldos y, en general, las condiciones de trabajo de los funcionarios públicos. Los anglosajones tienen un dicho popular: ”If you pay peanuts, you get monkeys”, que podríamos traducir libremente: “si pagas con maní, consigues monos”. Hay que ayudar al honesto a permanecer honesto, especialmente en un mundo contaminado por la “danza de los millones”, provenientes de la criminalidad organizada. América Latina necesita menos servidores públicos, pero mejor pagados. En Singapur, uno de los países más exitosos del globo, hay pocos ministerios, pero el sueldo de un ministro alcanza los dos millones de dólares anuales.

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DESASOSIEGO EN LA ZONA ANDINA

“En un momento tan decisivo, la zona andina luce como la región problema del continente. Conflicto interno en Colombia, ingobernabilidad en Perú, polarización en Venezuela, incertidumbre sobre Ecuador y un impredecible desafío cocalero en Bolivia conforman el tormentoso cuadro. Una realidad que obliga a aumentar la de por sí contenciosa agenda comercial con un tratamiento realista del tema de seguridad”. El Tiempo (Bogotá), Editorial, 27 de junio de 2003.

A mediados de los noventa se iluminaron las señales de alarma que hacían presentir el advenimiento de una crisis generalizada en la zona; sin embargo, los gobiernos de la época desestimaron estas advertencias y continuaron su camino sin tomarlas en cuenta, causando una mayor desilusión dentro de la población, lo cual produjo gobiernos elegidos por pocos electores, con propuestas facilistas y populistas que generaban grandes expectativas, y sus resultados grandes desilusiones.

La región andina ha estado altamente convulsionada durante los últimos veinte años. Los problemas económicos, sociales y políticos acaecidos durante esa época y surgidos a la sombra de los gobiernos democráticos, no han sido interpretados en su debida dimensión por la dirigencia política, generando en la población desánimo, apatía y desconfianza en las organizaciones políticas como entes capaces de responder a sus expectativas y necesidades, forjando una grave crisis de gobernabilidad e inestabilidad política.

Las naciones que integran la Comunidad Andina han recorrido las mismas sendas, los mismos abismos de inestabilidad. Han transitado por problemas comunes tales como la corrupción, la inestabilidad económica, el narcotráfico, el crecimiento desenfrenado de la pobreza, la crisis de sus partidos políticos, el cambio de sus constituciones, el resurgimiento del liderazgo indigenista, el populismo, una pretendida izquierda cobijada bajo el socialismo del siglo XXI -hoy reconocida como una gavilla de saqueadores de arcas públicas y privadas-. Estos problemas han causado divisionismo, intolerancia, duda y ambigüedad, porque se desconoce cuál será la reacción final del pueblo que aún permanece dormido frente a esta coyuntura.

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MILOS ALCALAY: UCRANIA – LO MÁS IMPORTANTE ES LA FUERZA MORAL DE UNA SOLUCIÓN ESPIRITUAL

Muy pocos actores, hoy en día, pueden jugar un papel en el ring en que están luchando Rusia y Ucrania

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– La actual arquitectura internacional va a cambiar después de esta guerra

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